Aprendamos a oír el silencio del alma...
“Me gustas cuando callas, porque estás como ausente”, dice el famoso poema de Pablo Neruda, y continúa “y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca”. Aunque considero a esta obra literaria como una de las más bellas escritas alguna vez, disiento con el gusto del autor por ese silencio del otro que lo hace parecer ausente. A mí me agrada mucho más el silencio que habla sin palabras, pero con miradas y caricias. Ese silencio que es capaz de llenar los vacíos más eternos. Ese silencio que no duele, sino que relaja, alivia y cura. 
¿Qué sentido tiene callar y escuchar a lo lejos una voz que no nos toca? Cuando callamos, suele ser para oír lo que alguien desea decir, para que sus palabras penetren en nuestras almas y lleguen a agradarnos, a emocionarnos, a hacernos felices, o por el contrario, logren enojarnos o entristecernos.
Otra frase famosa dice: “El que calla, otorga”, y con ella también disiento totalmente. El silencio en respuesta a preguntas engañosas o malintencionadas no significa que se esté otorgando el beneficio de la verdad o de la razón a quien la haya formulado. Por el contrario, creo que callar es la mejor forma de expresar desacuerdo o indiferencia ante cualquier mentira.
Elemento importante es el silencio en el discurso, tanto oral como escrito –en el que se simboliza con puntos suspensivos-, ya que permite al oyente o al lector asimilar el contenido del mismo y reflexionar sobre éste.
Por dar algunos ejemplos, en las conversaciones entre enamorados, el silencio es un momento propicio para besarse tímida o apasionadamente; entre padres e hijos, da lugar a fuertes y reconfortantes abrazos o a lágrimas emocionadas; entre amigos, es llenado por cómplices o pícaras miradas...
En resumen, quedarnos en silencio no significa que no tengamos nada para decir o que no queramos hablar, sino que deseamos generar un momento de paz, de reflexión, de complicidad en medio de un diálogo o, por qué no, de un monólogo. Es mejor hacer silencio antes que inferir vocablos hirientes cuando nos enfurecemos, y también es preferible callar cuando no sabemos qué decir, para evitar el ridículo. Una caricia o una mirada brindada en absoluto silencio puede manifestar tanto o más amor que la propia frase “Te amo”.
¿Para qué seguir agregando palabras? Les propongo cerrar los ojos y oír el inconfundible silencio del alma.

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Buscamos el valor agregado en cada espacio, porque la cultura, es masiva en toda su expresión, cuando somos capaces de descubrirla.
clarissa santos fischer dijo
me siento identificado es magnifico el silencio .
20 Abril 2008 | 04:41 AM